Tres fechas

11 02 2010

–        Mama…. ¿A dónde vamos?

–        Vamos a darle el ultimo adiós a tu abuelo cariño. Por eso te has puesto el traje, hoy es un día importante.

–        ¿Vamos a visitar al abuelo? Hace mucho tiempo que no lo veo.

–        Bueno, sí, vamos a visitarlo. Anda, ve a esperarme fuera, cojo las llaves y nos vamos.

El pequeño Carlos salió de su casa y se sentó en el porche, era un domingo triste y sin luz y eso que era medio día. Sin embargo podía oírse niños jugar en el patio de la esquina, ese patio tenía una portería pintada con spray que unos chicos mucho más mayores que Carlos les habían pintado a él y a sus amigos para jugar al futbol. Y por los sonidos parece que había gente jugando, pero él no tenía ganas ahora de jugar. Iba a ver a su abuelo, hacia algunos años que no lo hacía y esperaba que le contara grandes historias que se inventaba en su trabajo, “cuando el trabajo se realiza por mucho tiempo aprendes a hacerlo sin pensar”, le decía a su nieto antes de empezar otra increíble historia de horas y horas. Algo de viento transporta las hojas de los árboles en el jardín de Carlos, su abuelo siempre decía que para él las estaciones van y vienen como si nada. Como si estuvieras soñando con primavera y al abrir los ojos es invierno.

Su abuelo es por parte de madre, es decir, por parte de Eva. Eva era una mujer madura y con sueños por cumplir, aunque se había divorciado recientemente eso no paraba su gran amor por su hijo y juntos hacían viajes y excursiones en los tiempos libres.

–        Venga vamos Carlos, súbete al coche. Es un poco tarde.

El viaje en coche resultó ser aburrido y pesado. Aun así solo hizo que Carlos se acordara más de su abuelo. Decía que para él los viajes debían ir acompañados con música, música mental, que te imaginaras la música que debía acompañar a lo que estás viendo. Ya sea un ciclista o una pareja de enamorados ha de ir acompañado con su banda sonora. Pero sobre todo, y cuando has visto mucho de este mundo, puedes inventarte las imágenes que deben ir acompañadas con las canciones que te gusten. “Es un juego para distraerte de un día oscuro” Le decía. Poco a poco el viaje transcurrió y Carlos, que era un poco avispado, vio que no estaban dirigiéndose a la casa de su abuelo.

–        Mama, te has saltado la calle.

–        Ya lo sé, pero el abuelo ya no está allí. Ahora está en otro sitio.

Carlos empezó a pensar para si mismo, uniendo cabos. Tenían trajes negros y su madre tenía hasta un sombrero con velo negro, era un día triste y oscuro, y se habían saltado la calle donde vivía su abuelo, pero sobre todo pensó en la frase de su madre “Ahora está en otro sitio”.

–        Mama, ¿El abuelo ha muerto?

Eva miró a su hijo por el espejo retrovisor, y no dijo nada ni tampoco Carlos preguntó nada. Poco a poco los minutos fueron pasando hasta llegar al aparcamiento del cementerio. A Carlos se le caían las lágrimas, pero Eva le había enseñado ser un hombre y que las lágrimas no solucionan nada así que se aguantaba tal y como las miradas de fuego y firmeza de su madre ordenaban. Allí estaban todos sus familiares, pero el pequeño niño no veía nada, tenía en su mente otras cosas y solo veía manchas negras que le saludaban o que pasaban su mano sobre la cabeza en signo de compasión. La muerte es lo único que veía el pequeño. Ahora ya no había música, solo el viento que nadie puede parar así como la muerte que nadie puede detener. Se reunieron en grupo y marcharon a donde reposaba ahora el cuerpo.

Decenas y decenas de nombres y fechas veía Carlos, dejó que su básico nivel de matemáticas jugara con esas fechas para adivinar cual había muerto más joven. Resultó ser un hombre de 21 años y que tenía la floristería misma instalada ahí. Pensó en que le había ocurrido a ese hombre y más aún, que le habría ocurrido a su abuelo. Hizo cálculos y su abuelo no era tan viejo, “con 61 años no se muere de viejo” se dijo a sí mismo. Sus ojos se volvieron presas a reventar que no pudieron más y rompió a llorar.

Cuando Eva calmó al pequeño reiniciaron la marcha y llegaron a los pies de la tumba. Así fue cuando Carlos alzó la mirada y vio algo que no había visto en las otras lapidas. Tres fechas. Sus familiares no mostraban ninguna sorpresa, al contrario, más pena y algunos ya si podían vérseles las lágrimas, pero para él eso era desconocido, ¿Qué podía significa?

–        ….Mama…

–        ¿Qué quieres hijo? ¿Quieres que nos vayamos? Preguntó Eva con la cara tapada con una pequeña toallita de papel.

–        ¿Por qué el abuelo tiene tres fechas? La tía Julia agarró el brazo del primo de Carlos y descargó lastimeros sollozos al oír esta pregunta. Eva se agachó para que pudiera hablar bien con su hijo.

–        Carlos. La primera fecha dice la edad en que tu abuelo nació, 1988. La segunda fecha dice la edad en la que murió realmente, 2023, y la última fecha, la de hoy, es la fecha en la que su cuerpo se ha enterrado.

Buenas, soy Xo, y tras este pequeño episodio triste vengo a hablaros del camino que eligió el pobre anciano del relato. Terminó sus estudios en la universidad y encontró trabajo en una empresa. Fue realizando su vida, llendo a trabajar y volviendo dia a dia, salía pocas veces los fines de semana, incluso encontró novia, se casaron y tuvieron una hija. Pero este hombre comenzaba a salir menos, a realizar menos viajes, a estar mas “centrado” en su trabajo que en divertirse. Llegó un momento en el que su vida se convirtió en un péndulo. De su casa al trabajo, del trabajo a casa. Fue perdiendo sus sueños de joven y sus ilusiones por hacer cosas que le hicieran sentir la vida mas alegre. El péndulo finalmente cayó al vacio y creó una tumba. Este hombre ya habia muerto.

Así que señores. Haced las cosas pensando en objetivos claros y definidos, objetivos que sean buenos para vosotros mismos y que cuando se hayan cumplido os reporten cosas buenas como por ejemplo permitirse ir de viaje al monte o ir de curcero o invitar a los amigos a un Streptease o pasarlo bien con los niños o cualquier cosa. No perdáis nunca vuestros sueños. O moriréis.

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11 02 2010
vakito

Muy metal xo…si señor.

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