Otro estúpido domingo

14 02 2010

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En algún punto de Afganistán…

–        “Aquí águila roja, águila roja, seguimos curso dos tres cero al sector 12, aun no hemos visto nada, ¿Estáis seguros? Repita última transmisión.”

–        “Águila roja, recibimos hace 20 minutos mensajes sobre la unidad Tigre1 que están siendo atacados por insurgentes, hemos perdido contacto por radio, queremos que confirme y los evacuen.”

–        “Recibido, rodearemos una vez más el sector. Corto.” – “A ver señores, vamos a dar otra vuelta por aquí y veremos si pasa algo, tened los ojos abiertos, buscamos un combate abierto y hay compañeros allí abajo, tenemos que sacarlos de aquí.”

Qué bien, nos mandan a una misión de rescate un estúpido domingo. El Cougar gira bruscamente y comienza a sobrevolar otra vez el sector, yo y Carlos situados en los exteriores con las ametralladoras en las góndolas observamos con atención, el sol de la mañana comienza a imponerse. La luz molesta que no veas en las tierras de Afganistán. El sector es una zona llena de casuchas hechas con algo más débil que el cemento, no sé cómo las hacen. Arcilla más endurecida supongo, también veo algunas con techos de láminas de aluminio. Que hacemos aquí si no estamos para ayudarles.

Desde hace semanas un grupo de insurgentes está dando problemas por estos lugares, personas enfadadas por nuestra ocupación que han encontrado un equipamiento en alguna montaña bastante curioso, o eso o alguien les está ayudando. El caso es que cada día tenemos que realizar misiones de reconocimiento, transporte y búsqueda. Esta vez parece que es algo más serio. La unidad Tigre1 no es moco de pavo, es de asalto. Seguro que han encontrado un agujero que llenar de mierda días anteriores y les habrá salido el tiro por la culata. Están muy bien armados, se necesitaría un grupo bastante importante de insurgentes para frentarles. Empiezo a oír sonidos del combate.

–        “Pedro, combate a tus tres en punto, creo que los hemos encontrado.” Al acercarnos un poco escuchamos el ruido incesante de las AK-47, y parece que son muchas.

–        “Bryan quiero verte en el 20mm junto a Carlos, vamos a realizar una entrada sorpresa a ver si lo aprovechan nuestros compañeros para salir de ahí.”

El helicóptero asciende y Bryan se sitúa en el 20mm, vamos a hacer un descenso rápido aprovechando la velocidad. Bryan descargará una ráfaga rápida y luego nos perderemos como si nada. Con la luz roja comienza el descenso y Bryan dispara a matar mientras Carlos y yo elegimos objetivos críticos, alguno que otro nos dirige una mirada de temor y nos disparan sin alcanzarnos. La ráfaga se termina y el helicóptero asciende, en ese momento al otro lado vemos un grupo con uniformes saliendo a campo descubierto, es el Tigre1. Uno de ellos alza sus brazos balanceándolos. No tendrán radio.

–        “Mierda si no tienen radio no podemos organizar rescate, vamos a tener que entrar justo en esa zona. Preparaos, nos espera un viaje movidito, quiero fuego a discreción, y a los de ahí abajo, vivos.”

El Cougar ruge como un monstruo y desciende mientras disparamos al grupo que se está reuniendo a unos 200 metros, alterados y furiosos. Tocamos tierra y el equipo Tigre1 sube soldado por soldado, uno de ellos está herido, sale sangre a borbotones del abdomen.

–        “Mierda tíos, menos mal que habéis llegado estábamos a punto de caer frente a esos mamones. Salgamos de aquí, ya he perdido a cinco hombres abajo.” Gritó el sargento que sostenía al herido de forma nerviosa.

El motor revoluciona otra polvareda al levantar el vuelo y alzarse. No sin antes ver a un insurgente alzar un RPG y dispararlo. Los dos segundos que tendrían que haber pasado entre ese hijo de puta y el helicóptero se colmaron en minutos. Lentamente vi ese misil acercarse y no pude pensar en nada más. Lo único que hice fue incorporarme y saltar hacia el interior del helicóptero en un intento estúpido por mi parte de salvarme.

Me desperté cubierto de arena, el motor seguía girando de manera perezosa, el helicóptero esta empotrado en una casa y el morro apenas ha sufrido daño. Vaya mierda de construcción es lo primero que pensé y me eché a reír. Intenté incorporarme. No había sufrido casi ningún daño, tenía algunos cortes poco profundos en los brazos que no resultaban nada preocupantes y algún que otro moratón en la espalda y piernas. No pude decir lo mismo de mis compañeros. Carlos había desaparecido, todo el equipo tigre1 había muerto y Pedro, el piloto, con Juan, el copiloto, no se movían de sus asientos. Todos muertos.

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