¿Quién es?

2 01 2012

Todos los días la misma imagen de ese personajillo grotesco a la par que inquietante, observándome. Siempre tras levantarme, a lo lejos en el pasillo y al fondo con la puerta abierta esta el fantasma de mi cuartillo. Nunca ha salido de allí, de hecho nunca se ha movido de su única pose, de pie con brazos caídos y mirada fija en mí. Acontece lo mismo desde hace un tiempo que ni Crono lo podría saber, es mi pequeña maldición.

 

No sé si fue la primera vez, pero si la primera que yo recuerdo: Era un domingo de un gélido y anormal invierno. No era un domingo cualquiera, había pasado una de las noches más terribles de mi vida. La chica de la que estaba enamorado me había parcialmente plantado. Aunque luego viniese y pudiese ver en sus ojos la mayor de las felicidades, me ignoró el resto de la noche. Vagabundeando por las calles, alma condenada al destino infeliz, no encontraba sosiego y paz. Era un alto y esbelto roble con un interior putrefacto y vacío. Cuando la noche se acababa y la luna dejaba de reírse de mí, me fui a mi morada.

Fue cuando lo vi por primera vez. Ambos inmóviles como estatuas nos miramos. Creí que habían entrado a robarme hasta que noté que eso de delante no era algo normal. Esa sensación extraña, espiritual, de que era algo fuera de este mundo. Al tiempo tuve que cerrar los ojos a causa del miedo y la sorpresa. Di unos pasos adelante y volví a abrirlos, seguía estando allí, con el mismo talante. Los cerré otra vez y a tientas pude entrar en mi dormitorio. Una vez dentro eché el cerrojo de la puerta. Desde ese día todo ha sido igual, no se mueve y yo no puedo aguantarle la mirada mucho tiempo, es repugnante.

Han pasado varias semanas, o eso creo. El tiempo se ha deformado a mí alrededor. Ese ser, esa cosa, no puedo dejar de pensar en lo mucho que lo odio. Desde que ha aparecido apenas tengo apetito o ganas de dar un plácido paseo. Estoy deshaciéndome, muriendo, y todo por culpa de eso que no me deja en paz. Estoy harto de él, de sus ojos rojos, de su rostro abatido, de su cabello descuidado, de su pasividad por todas las cosas del mundo.

Y por eso esta mañana es diferente, porque estoy delante suya, a solo unos diez pasos y voy a hacerle frente. Cierro los ojos y doy un paso, los vuelvo a abrir, sigue estando ahí. A cada paso que avanzo mi miedo aumenta, pero mi odio también lo hace y me ayuda a seguir. Cinco pasos, veo que viste igual que yo cuando vine esa “primera vez”. Tres pasos, le corren lágrimas por las mejillas. Dos pasos, se le dibuja una sonrisa apenas perceptible como si hubiera querido desde el primer día este encuentro. Cierro los ojos otra vez para dar el penúltimo paso, pero un sonido hace que me quede quieto, lleno de pavor y horror, escucho que el fantasma avanza hacia mí. Estamos a solo un paso de nuestro encuentro, poco a poco abro mis ojos. Pasan los minutos, nos aguantamos la mirada, puedo sentir por mis mejillas que yo también estoy llorando. Le digo “te odio” al mismo tiempo que él me lo dice. Su voz suena grave y como si su garganta estuviera llena de pus. No puedo más, si no lo hago ahora no lo podre hacer nunca. Al mismo tiempo que alzo mi brazo para darle un puñetazo el también lo hace, pero ya es inevitable y nuestros puños chocan.

El fantasma se rompe en mil pedazos, incrustando algunos cristales en mi mano derecha. Me quedo mirando como sangra. Yo era el repugnante, yo era el fantasma y el monstruo que atormentaba a mí persona. Caigo de rodillas y comienzo a reír, a llorar, a gritar, a ver como sigo sangrando. Lleno de furia conmigo mismo doy golpes al suelo aun teniendo trozos de cristal, me tumbo y pataleo, sintiendo el dolor de mis manos. Pasan las horas y mi alma sigue en silencio, mis heridas pararon por la sangre seca. Empiezo a pensar si esta vida es real o no, ya que este es el punto de la historia donde el protagonista acaba con su vida y deja al lector enfadado. Un vago pensamiento se hace eco a lo largo de mi mente ¿Merece la pena estar así por tal cosa? Sentir un gran vacío que solo se puede llenar con amor, pero abandonarlo todo porque en el momento no se tiene, ¿Acaso no peco de impaciente?

Me incorporo poco a poco, dolido, desganado, triste, solitario. Accedo a vivir con el asco y la podredumbre, pues ese es el precio a pagar.

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